
Concha Jiménez (Sevilla, 1981) es artista visual. Licenciada en Bellas Artes, especialista en Arteterapia y Máster en Educación, desarrolla una práctica interdisciplinar en la que la instalación actúa como un espacio de investigación sobre la memoria, la identidad y la ausencia. Tras vivir y trabajar en Sevilla, Madrid, Granada, Cádiz, Brighton y Manchester, establece actualmente su estudio en Sevilla, donde amplía su formación en arquitectura efímera.
Su trabajo parte de una evidencia recurrente: cuando quien habita una vida deja de estar precipitadamente, deja muchos caminos abiertos, tareas interrumpidas y restos materiales fragmentados, inconexos. ¿Qué hacer con todo ello? Desde esa inquietud construye proyectos en los que los objetos cotidianos, los archivos personales y los espacios domésticos funcionan como depositarios de memoria y afecto. Las narrativas femeninas, la infancia y la autobiografía atraviesan una obra que se mueve entre lo íntimo y lo colectivo, invitando al espectador a reconocer sus propios recuerdos en los vestigios de otros.
Cada proyecto encuentra su forma en el medio que necesita. Pintura, grabado, fotografía, vídeo, escritura, libro de artista e instalación conviven de manera orgánica, incorporando en ocasiones recursos sensoriales como el sonido o el olor para activar una experiencia que trasciende lo visual. Más que representar la memoria, su trabajo propone habitarla.
Ha presentado su obra en exposiciones individuales y colectivas en España, Reino Unido y Francia, entre ellas Nada que ver (Sala Alfonso X, El Puerto de Santa María, 2021), y ha sido reconocida con el Segundo Premio Expositivo de Morón de la Frontera (2021) y el Premio de Pintura sobre Cortezas de Árboles Muertos, en La Rioja (2023).
Su investigación convive con una práctica sostenida de mediación artística y creación colectiva junto a personas con diversidad funcional, mujeres rurales, jóvenes y personas en situación de sinhogarismo, así como con proyectos de ilustración, escenografía, diseño y edición independiente. Lejos de constituir líneas paralelas, estas experiencias alimentan una misma reflexión sobre el poder del arte para generar vínculos, preservar relatos y construir memoria compartida.
Actualmente desarrolla Anna Z., una cápsula del tiempo, un proyecto de largo recorrido concebido como una caja fuerte abierta. A través de una ficción construida desde objetos personales, documentos y huellas digitales inventados, la obra investiga la relación entre memoria y herencia, preguntándose qué historias pueden continuar a lo largo del tiempo y cómo el arte puede convertirse en un lugar de creación y renacimiento para esas pertenencias sin dueño.
Recorrido completo de exposiciones, premios, publicaciones y proyectos
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